dijous, 8 de novembre del 2012

Spartacus, biatch

Pues estoy super-viciada a esta serie de gladiadores, tanto que a pesar del poco tiempo del que dispongo ya voy por la tercera temporada. De hecho, la segunda temporada es una precuela de la primera, mientras el actor protagonista se recuperaba de una leucemia. Como no sobrevivió (muy al pesar de todos los fans y amigos de Andy Whitfield), en la tercera temporada (siguiendo con la trama de la primera) contrataron a un nuevo protagonista para que siguiera su papel.

(Andy Whitfield en el papel de Spartacus)
La serie me enganchó desde el primer capítulo y la recomiendo totalmente. Está muy bien hecha y sigue bastante fielmente las costumbres y la cultura romana.
El protagonista tenía verdaderamente mucho carisma, y como que para cuando empecé a ver la seria ya sabía que ese actor había fallecido, tenía unos sentimientos extraños por él, cada vez que pensaba en ello, me ponía muy triste.

(Manu Bennett de Crixus)

La trama de la serie pasa en un Ludus de Capua, ciudad en la que es Campeón Crixus, y será el archienemigo de Spartacus, claro está.
Este personaje es, sin duda, mi favorito. Porque está de toma pan y moja empezó siendo un mindundi y se convirtió en un megahipercrack y los dominó a todos. Además no es el típico sádico putero, es muy cuxiflú y Dios sabe que me encantan los hombres duros por fuera y tiernos por dentro (¡como los huevos!). Pero no os voy a spoilear. Sólo diré que mi amor por Crixus será eterno e incondicional.

(Peter Mensah, también conocido como el de la patada de "¡ESTO ES ESPAAAARTAAA", en el papel de Enomao, el instructor de los gladiadores)
Este pobre hombre es el cuernudo de Capua (oops, spoilers) pero es muy enrollao el chaval. Me gusta porque no se está de hostias y es un ejemplo más de hombre-huevo. 

No hace falta ser muy ducho en series de acción para darse cuenta de que estos tres son los buenos buenotes que van a masacrar a los malos malotes (o lo intentarán al menos).

Algo curioso es que me acabo de enterar de que estos tres personajes existieron en la vida real, y fueron los jefecillos de la Tercera Guerra Servil (que acabó como el Rosario de la Aurora, porque no he podido evitar leer un poco del artículo de Wikipedia y autoespoilearme).

Ahora que sé que algunas de las cosas que pasan en la serie sucedieron realmente, pues como que me mola más, porque no tenía ni idea. 

(Liam McIntyre, el nuevo Spartacus)
(Viva Bianca en las carnes de Ilitía, la mala malota)
Esta tía está como una cabra y es más falsa que un billete de tres euros, pero es un personaje que, a pesar de sus cosillas de loca y de psicópata, me gusta. En el fondo ella no tiene la culpa de estar como un cencerro.

(Lucy Lawless, también conocida como Xena la princesa marimacho guerrera, como Lucrecia, la esposa del propietario del Ludus)
Ésta, otra que tal, está obsesionada por tener un hijo y hará cualquier cosa, ¡CUALQUIER COSA!, por tenerlo, y por poder subir en la escala social. Pobrecilla, esta mujé es la que más me gusta de las féminas, y siento una compasión muy ferviente por ella.

(Y John Hannah, que hace de Batiatus, el dueño del Ludus y el marido de Lucrecia)
Este es, con diferencia, el personaje que más odio. Simplemente porque, sintiéndolo mucho por el actor, me da rabia su cara (me recuerda a alguien, no sé). 

Hoy he visto el primer capítulo de la tercera temporada y me he emocionado mucho. Tanto que quería hablaros de la serie y, si aún no la habéis visto, recomendarla, porque realmente vale mucho la pena.

Además salen muchos desnudos y escenas picantonas. Sé que eso no os importa, pero ahí lo dejo, huhuhu.

dilluns, 5 de novembre del 2012

Me estoy quitando

Yo tengo un vicio muy malo malísimo que resulta que es un tic. Sí de ésos como los que la gente hace, como parpadear mucho, o mover el cuello de vez en cuando, o subir los hombros. Pero mi tic consiste en arrancarme las pieles de los labios. Con los dedos normalmente, aunque cuando tengo los dedos ocupados (como cuando estoy en el ordenador o leyendo), no tengo ningún reparo en arrancármelas con los dientes.


Y claro, duele. Duele de cojones, pero es que me da igual, no puedo evitarlo. Hace años que lo hago, constantemente, y aunque mi novio me lo hace notar, normalmente no me doy ni cuenta, a pesar de que me duele. Porque, además, cuando estoy concentrada en algo no puedo parar de hacerlo, y claro, pongo unas caras raras, que parezco una abuelita, según me dicen.

Pero como tic simple que es, tiene solución. Lo primero es darme cuenta de que lo estoy haciendo y parar. Y hacer que sea físicamente difícil o imposible, como taparme la boca (eso no lo he hecho ni creo que llegue a ese punto) o ponerme cacao que, a parte de repararme las grietas múltiples que tengo (hay trozos que están, simple y llanamente, en carne viva), me he condicionado de tal forma que cuando llevo el cacao labial no me arranco las pieles, aunque no puedo evitar refregarme los labios constantemente, pero porque tengo pieles sueltas susceptibles de ser arrancadas y la tentación es fuerte. En pocos días tendré los labios normal y no tendré que usar el cacao para no arrancármelas.

Lo sé porque ya me he rehabilitado antes, aunque recaí. A ver si esta vez puedo hacer que dure. Dejará de ser un tic, en teoría, cuando lleve más de dos meses consecutivos sin hacerlo, por muy nerviosa / concentrada / triste / aburrida que esté. 

Va, que yo puedo. ¿Conseguiré dejar de hacerlo tanto tiempo? ¿Podría conseguir dejar de hacerlo para siempre? Ains... no sé.

dissabte, 3 de novembre del 2012

¡No quiero estudiaaaar!


Quizás está mal que lo diga pero, hasta ahora, yo siempre había sido una buena estudiante. Bueno, no, una buena contestadora de exámenes, dejémoslo así. Porque estudiar, lo que es estudiar, tampoco lo hacía mucho. 

Cogía el libro, me miraba un poco el temario y más o menos sabía discriminar lo que era importante de lo que sabía que no preguntarían y me acordaba más o menos del contenido. Luego en el examen, sólo tenía que recordar en mi carpeta de archivos mental qué era lo que decían los apuntes sobre tal tema y ya estaba hecho.

Pero es que a medida que han ido pasando los años, me he hecho más perra. No es que haya perdido esa capacidad de síntesis y memoria que tenía antes, es que ya ni siquiera soy capaz de coger los apuntes y leérmelo. Es que no quiero, oye. 


Siempre hago lo mismo: me espero al día antes del examen para pasarme toda la tarde anterior pasando los apuntes (osea, pasar los powerpoints caóticos de los profesores a Word, ordenadito, y subralladito y esas cosas, pero sin leérmelo realmente), y luego me imprimo los apuntes, los encuaderno y ahí se quedan: preciosos, con sus tapas, bien ordenados, olvidados...

Mis apuntes perfectos
Y eso es lo que me pasa ahora. Tengo un examen final el lunes, y hasta puede que suspenda la optativa, porque este curso (el último de la carrera) me lo estoy tomando con tanta calma que aún ni siquiera ha empezado para mí. 

Y pretendo aprobar el PIR y no soy capaz de irme mirando el temario durante el curso para ir mejor preparada después, como dije que haría...

Ains, va, me voy a leer un poco lo que tengo que estudiar... (O no...)

dijous, 1 de novembre del 2012

El monte de las ánimas

[Leyenda soriana. Texto completo]
Gustavo Adolfo Bécquer



     La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria.
     Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.

     Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche.

     Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.

I
     —Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas.

     —¡Tan pronto!

     —A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.

     —¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?

     —No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa historia.

     Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante distancia.

     Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida historia:

     —Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido defenderla como solos la conquistaron.

     Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.

     Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.

     Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche.

     La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron al resto de la comitiva, la cual, después de incorporárseles los dos jinetes, se perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.

II
     Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica del palacio de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor iluminando algunos grupos de damas y caballeros que alrededor de la lumbre conversaban familiarmente, y el viento azotaba los emplomados vidrios de las ojivas del salón.

     Solas dos personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y Alonso: Beatriz seguía con los ojos, absorta en un vago pensamiento, los caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las azules pupilas de Beatriz.

     Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio.

     Las dueñas referían, a propósito de la noche de difuntos, cuentos tenebrosos en que los espectros y los aparecidos representaban el principal papel; y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos con un tañido monótono y triste.

     —Hermosa prima —exclamó al fin Alonso rompiendo el largo silencio en que se encontraban—; pronto vamos a separarnos tal vez para siempre; las áridas llanuras de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y patriarcales sé que no te gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por algún galán de tu lejano señorío.

     Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia; todo un carácter de mujer se reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios.

     —Tal vez por la pompa de la corte francesa; donde hasta aquí has vivido —se apresuró a añadir el joven—. De un modo o de otro, presiento que no tardaré en perderte... Al separarnos, quisiera que llevases una memoria mía... ¿Te acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la salud que viniste a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi gorra cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu oscura cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló a la que me dio el ser, y ella lo llevó al altar... ¿Lo quieres?

     —No sé en el tuyo —contestó la hermosa—, pero en mi país una prenda recibida compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe aceptarse un presente de manos de un deudo... que aún puede ir a Roma sin volver con las manos vacías.

     El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un momento al joven, que después de serenarse dijo con tristeza:

     —Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo ante todos; hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío?

     Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la joya, sin añadir una palabra.

     Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volviose a oír la cascada voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos y el zumbido del aire que hacía crujir los vidrios de las ojivas, y el triste monótono doblar de las campanas.

     Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a anudarse de este modo:

     —Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así como el tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo, ¿no lo harás? —dijo él clavando una mirada en la de su prima, que brilló como un relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico.

     —¿Por qué no? —exclamó ésta llevándose la mano al hombro derecho como para buscar alguna cosa entre las pliegues de su ancha manga de terciopelo bordado de oro... Después, con una infantil expresión de sentimiento, añadió:

     —¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que por no sé qué emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu alma?

     —Sí.

     —Pues... ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un recuerdo.

     —¡Se ha perdido!, ¿y dónde? —preguntó Alonso incorporándose de su asiento y con una indescriptible expresión de temor y esperanza.

     —No sé.... en el monte acaso.

     —¡En el Monte de las Ánimas —murmuró palideciendo y dejándose caer sobre el sitial—; en el Monte de las Ánimas!

     Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda:

     —Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad, en toda Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar mis fuerzas en los combates, como mis ascendentes, he llevado a esta diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el ardor, hereditario en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; y he combatido con ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me ha visto huir del peligro en ninguna ocasión. Otra noche volaría por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta noche... esta noche. ¿A qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas... ¡las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin que se sepa adónde.

     Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña, arrojando chispas de mil colores:

     —¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de lobos!

     Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial, que Alonso no pudo menos de comprender toda su amarga ironía, movido como por un resorte se puso de pie, se pasó la mano por la frente, como para arrancarse el miedo que estaba en su cabeza y no en su corazón, y con voz firme exclamó, dirigiéndose a la hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar entreteniéndose en revolver el fuego:

     —Adiós Beatriz, adiós... Hasta pronto.

     —¡Alonso! ¡Alonso! —dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando quiso o aparentó querer detenerle, el joven había desaparecido.

     A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba al galope. La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus mejillas, prestó atento oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía, que se desvaneció por último.

     Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el aire zumbaba en los vidrios del balcón y las campanas de la ciudad doblaban a lo lejos.

III
     Había pasado una hora, dos, tres; la media noche estaba a punto de sonar, y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no volvía, cuando en menos de una hora pudiera haberlo hecho.

     —¡Habrá tenido miedo! —exclamó la joven cerrando su libro de oraciones y encaminándose a su lecho, después de haber intentado inútilmente murmurar algunos de los rezos que la iglesia consagra en el día de difuntos a los que ya no existen.

     Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso.

     Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de la campana, lentas, sordas, tristísimas, y entreabrió los ojos. Creía haber oído a par de ellas pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana.

     —Será el viento —dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón, procuró tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. Las puertas de alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes, con un chirrido agudo prolongado y estridente.

     Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y grave, aquéllas con un lamento largo y crispador. Después silencio, un silencio lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y cuya aproximación se nota no obstante en la oscuridad.

     Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinillas y escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la frente, tornaba a escuchar: nada, silencio.

     Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se movían en todas direcciones; y cuando dilatándolas las fijaba en un punto, nada, oscuridad, las sombras impenetrables.

     —¡Bah! —exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre la almohada de raso azul del lecho—; ¿soy yo tan miedosa como esas pobres gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al oír una conseja de aparecidos?

     Y cerrando los ojos intentó dormir...; pero en vano había hecho un esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse más pálida, más inquieta, más aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría, escondió la cabeza y contuvo el aliento.

     El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en las ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras distantes, doblan tristemente por las ánimas de los difuntos.

     Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta de su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto sangrienta y desgarrada la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a buscar Alonso.

     Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los miembros, muerta; ¡muerta de horror!

IV
     Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador extraviado que pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las Ánimas, y que al otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles. Entre otras, asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de la oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y desmelenada, que con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.

dimarts, 30 d’octubre del 2012

PewDiePie, Elrubius y el interné en general


Estoy suscrita en Youtube desde hace mucho tiempo al canal de PewDiePie, un sueco de 23 años que se dedica a grabarse mientras juega a juegos (antes de terror, ahora a cualquiera que le recomienden sus fans, también conocidos como 'bros') y colgarlos, chillando cual niña con un ataque de pánico. 

Estoy enamorada de sus videos (que no de él, aunque es guapo, gracioso y rico...), y hasta es una buena manera de jugar indirectamente a esos juegos que siempre has querido jugar pero eres tan cagada que no te atreves (Amnesia, Cry for Fear, Silent Hill, Ju On...). 




Una de las series que más me gustó, aún y no ser de miedo, es la de Heavy Rain, un juego de rol en el que eres diferentes personas intentando resolver un caso de secuestro y asesinato de niños. Tiene un montón de alternativas y finales posibles.



Pocas personas de mi alrededor le conocen o siguien sus videos, así que yo, que soy una persona que todo lo quiere contar, me siento un poco frustrada por no poder compartir los videos/sustos que me parecen graciosos (por eso lo comparto con vosotros). El mejor para mí es éste:


Luego también está Elrubius, un chico de Madrid que se grababa jugando a Skyrim, para echarse unas risas, y hacía montajes entrañables como éste:


Era un poco caótico pero muy divertido y original. También la liaba parda en juegos como el Grand Theft Auto o el Battlefield. Luego pasó a hacer también facecams (grabarse la cara) con juegos de miedo míticos como Amnesia, y aunque mucha gente pensó que se copiaba de PewdiePie, tiene un humor tan diferente que también es muy divertido.

Sigo a más gente que hace videos similares, aunque no os quiero atosigar. Ya sabéis que yo soy una mujén de interné, y de risa muy fácil, sobre todo relacionada con cosas absurdas como éstas. Risoterapia en estado puro, vamos.

dilluns, 29 d’octubre del 2012

Semanita de fieshta


Son las fiestas en Girona y hace un frío que te mueres. Hay ferias, barracas y muchas cosas más, pero con el mal tiempo que hace (será que aún tengo que acostumbrarme a pasar frío otra vez) aún no he pisado las ferias. Y eso que tengo muchas ganas de montarme en las cosas, porque hace años que no lo hago.


Además, ayer iba a ir con mi novio a montar a caballo, como regalo por su cumpleaños, pero pocas horas antes, nos llamó el hombre del establo y nos dijo que hacía demasiado viento y que mejor que lo dejáramos. Yo que ya me había mentalizado.

Anoche fui con mi hermana y dos amigos a un festival de cine fantástico y de terror que se hace por primera vez aquí. Vimos muchos cortos y luego vimos la horrible película de 'El dentista'.

Fue una experiencia muy traumatizante, teniendo en cuenta que yo llevo yendo al dentista desde los 4 años, gracias a que mi padre me dejó de herencia unos dientes muy pero que muy torcidos y desastrosos. Además me han tenido que hacer dos intervenciones quirúrgicas bastante gore que hicieron que las escenas más angustiosas de la película fueran como una visita al infierno para mí.

Había cachos en los que prefería no mirar, porque 'what has been seen cannot be unseen', pero aún así me comí varias escenas muy desagradables que me han pasado factura esta noche. Me impresionó tanto que esta noche he vomitado tres veces, entre múltiples pesadillas que me han tenido dando vueltas.

Pero vamos a pasar página y olvidar ese capítulo de nuestras vidas. Este fin de semana me lo he pasado acurrucada en casa de mi novio y no he hecho nada de lo que tenía que hacer (bueno, he leído un poco del libro sobre comunicación humana) y me he pasado el fin de semana o durmiendo o jugando a Pokémon, ese juego entrañable que me tiene enamorada desde los... ¿10 años? Yo sí que no evoluciono.


Pero bueno, ahora tengo una semana de fiesta y ahora mismo me pondré a hacer todo lo que tengo aún pendiente, para poder luego hacer el vago como dios manda. Ains, si es que soy una impaciente...


Solución de la adivinanza:
El prisionero señala una de las puertas y pregunta a uno de los guardias (no importa qué puerta o qué guardián): "Si yo le preguntara a su compañero si esa puerta está abierta, ¿qué diría?". Si la resupesta es "sí", entonces esa puerta está cerrada (el que miente diría que su compañero diría que sí cuando diría que no; el que dice la verdad diría que su compañero diría que si porque mentiría), y viceversa, si es "no", está abierta.

divendres, 26 d’octubre del 2012

Adivina, adivinanza


Dos guardias vigilan a un prisionero en una habitación que tiene dos puertas. El prisionero sabe que una de ellas está cerrada con llave y la otra no, pero no cuál de ellas es la que está abierta. También sabe que uno de los guardias siempre dice la verdad y que el otro siempre miente, pero no cuál hace una cosa u otra. 
Por último, se le ha dicho que la única manera de recuperar su libertad consiste en identificar la puerta que no está cerrada con llave haciéndole una sola pregunta sólo a uno de los guardias. 

¿Qué pregunta harías?

dimarts, 23 d’octubre del 2012

Domingo perfecto (Paintball)

Pues el domingo pasado coincidimos 19 personas en Cerdanyola para ir a dispararnos los unos a los otros en un Paintball, celebrando el cumpleaños de un amigo, un mes y medio después (es difícil juntar a tanta gente de tantos sitios distintos). 

Aquí aún no habíamos empezado y estábamos limpitos y modositos.

Nunca había ido a un Paintball aunque ganas no me faltaban. Fue muy divertido, sobreviví bastante (lo que significa que no tuve que estar mucho tiempo esperando a que los demás acabaran), pero recibí un par de pelotazos que me marcaron (literalmente).

En la primera partida, nos pusimos todas las chicas de mi equipo detrás de una trinchera, y venga a matarlos a todos a lo francotiradoras. El arma apuntaba donde le daba la gana, y darle a alguien era más cuestión de suerte que de puntería. Total, que ganamos. 

A Afganistán que nos vamos.
En la segunda morí indignamente, aunque aguanté hasta el final. Con lo pequeña que soy, darme era un milagro, porque estando de pie me podía esconder hasta detrás de un árbol. Pero cuando saqué la cabecita para "apuntar" a alguien que veía en la lejanía, ¡zas! me explota una bola de pintura en toda la cara. Me entró pintura en la boca, por las rendijas para respirar de la máscara. No sabe bien, para que lo sepáis.

Y una vez muerta vino lo peor: tener que levantarse e irse del campo con las manos en alto, en medio de los  tiros. Recibí más hostias en esos tramos hasta la salida que en todas las partidas juntas. 

Luego me metía yo sola unas hostias como panes porque todo estaba lleno de barro y mientras corría de una cobertura a la otra, resbalaba y caía de bruces, suerte que al caer quedaba siempre cubierta, porque me tiraba media hora riéndome sola, ahí tumbada, detrás de una pared de madera. Y el monitor me decía: '¿te han dado?' Y yo: 'qué va, que me he caído sola'. 

En la última partida morí indignamente y con mucho dolor por culpa de mi novio. Sabía yo que acabaría muriendo por amor. Él estaba en la trinchera de al lado y me invitó amablemente a ir con él. Pues mientras corría de mi cobertura a la suya, recibí un pelotazo en la pierna que me dejó un dolor intenso. Lo bueno es que en la última partida podías revivir y volver al juego sólo tocando la mano del monitor en la salida y volviendo a entrar. Y claro, como estaba todo el mundo dentro gastando las bolas como locos, después de recibir el pelotazo en el muslo intenté llegar al monitor y recibí un bolazo en la espinilla ¡de la misma pierna! que me dejó medio coja.

Por suerte, cuando a todos se les acabaron las bolitas, acabó la partida infernal de no-muertos resucitadas.

Y aún tengo agujetas...

P.D: Mención especial a mi amigo Miguel, que quería aparecer por aquí, ¡HOLA! 

diumenge, 21 d’octubre del 2012

El amante de Lady Chatterley


"Y así yo creo en la pequeña llama que hay entre nosotros. Para mí es ahora lo único que hay de positivo en el mundo. No tengo amigos, amigos íntimos. Sólo te tengo a ti. Y esa pequeña llama es lo único que me importa ahora en la vida. [...] Es mi Pentecostés, la lengua de fuego entre tú y yo."

divendres, 19 d’octubre del 2012

Love you more than those bitches before


Hace ya tiempo que me gusta Lana del Rey, pero por algún motivo, no me he bajado su álbum de Born to Die hasta hoy. 

Creo que los videoclips son de los mejores que he visto, y me encanta su voz. Sus canciones son cursis de cojones, con cosas como que "te amaré siempre", "eres mío" y esas cosas que me gusta escuchar en una buena canción aunque no me las crea. 

Este videoclip lo descubrí hace apenas dos días (sale el mismo chico que en el de Born to Die, que también me encanta). Me emocioné al verlo. Creo que es lo que yo concibiría como una obra de arte.

La frase de "love you more than those bitches before" me hizo concretamente mucha gracia. Creo que es algo que muchas chicas piensan pero pocas dicen. Y estoy segura de que muchas veces es cierto. Así que, chicas, todo hombre se merece escuchar eso de su amada. Igual que toda chica merece que su hombre le diga lo mismo, aunque cambiando el "bitches" por "douchebags" o descalificativos similares. 

Si tenéis 4 minutillos libres, echadle un ojo, que creo que vale la pena.

dijous, 18 d’octubre del 2012

Tercer movimiento: lo de dentro


Por si no se notaba, me encanta esta canción (por eso el título del blog) y que, además, éste es el tercer movimiento que tiene que hacer el blog. Ya no hará más. Lo juro por Arturo. 

Va, a disfrutar la canción. Y a tomar Fanta todo lo demás.

dimecres, 10 d’octubre del 2012

Los vaivenes de mi pelo

Pues ya no soy rubia, ayer fui a la peluquería y me volví a poner morena, menos las puntas, que me hice un degradado y son un poco mas claras. Con el tiempo se me irá aclarando, así que puede que las puntas queden más o menos rubias.

En mi vida he tenido muchos colores (rojo, puntas azules, negro-violeta, negro-azulado, negro, pelirrojo..., incluso dice la leyenda que alguna vez lo llegué a tener de mi color natural), pero aquí tenéis una muestra representativa de mi color de pelo los últimos 3 meses. Sí, son muchos cambios en poco tiempo, pero mira...



1. Me dio la vena loca y me teñí con un tinte del Mercadona. Iba pa' rubia pero me quedé en pelirroja.

2. Necesité ayuda profesional y me decoloré como dios manda, pero quedó demasiado rubio y con algunas clapas a color amarillo pollo.

3. No tenía ganas de ponerme el champú azul ese que va decolorando el amarillo pollo, así que me puse un rubio más oscuro y san se-acabó.

4. Un mes y medio después, como era de esperar, tenía unas raíces morenas que destacaban, así que, como estaba previsto, me volví a poner de morena, cerrando mi ciclo como rubia (nunca más, porque es un palo y ni siquiera creo que me favorezca, donde haya una morena...). Me dejé las puntas más claras para no desaprovechar todo el trabajo que tuvimos para decolorar, para que no fuera todo en vano.

Ahora tengo la intención de dejármelo crecer al natural, y dejármelo lo más largo que pueda, con las puntas más claras. Así no se distinguirá la raíz y además le daré un descanso al pobrecillo, después de este chute de decolorantes y tintes. De hecho no se me ha estropeado tanto el pelo, ni se me ha caído más ni he notado muchos cambios.

P.D: Esta tarde empiezo las prácticas y estoy muuuuuy nerviosa.

diumenge, 7 d’octubre del 2012

Extremoduro (aventuras mil)


Puesh ayer estuve de aventuras por Barcelona (¡yupi!) para ir a ver el concierto de Extremoduro. Fui con Olga y Toni, unos amigos de Lloret que durante el curso viven en Cerdanyola (cerca de Barcelona, pero no tan cerca...). Quedamos directamente allí para no tener que volver yo atrás, o sea que tuve que arreglármelas sola y llegar hasta el Parc del Fòrum yo zulita. 

Tren Girona - Barcelona Passeig de Gràcia, como siempre, sólo que resulta que la estación que yo conocía está de obras y eso me descolocó. Tuve que relacionarme con uno de los mozos de Renfe y preguntarle cómo coño se iba al metro. Pues que tenía que salir a la calle y seguir una línea verde por el suelo.


Y la seguí por medio Barcelona (esa ciudad me da miedo, me parece monstruosa, acostumbrada como estoy a mi pequeña ciudad en la que con un ratillo andando estás en todos lados). Pero vi cosas bonitas, ya que estábamos.

Cuando llegué al metro, tuve aún que andar 5 minutos bajo túneles, por sitios en los que nunca había estado, para coger líneas que nunca había cogido. Eso me ponía muy nerviosa, pero por suerte estaba todo bastante bien indicado, hasta para lerdas como yo.

El metro iba lleno a reventar de desarrapados como yo con camisetas de grupos (mayormente de Extremo), pero así me sentía que no iba mal encaminada.

Llegué a la parada de mi destino, y tardé aún unos 5 minutos en encontrarme con mis amigos, y luego entramos en el recinto y vimos algo que a Olga y a mí nos hizo mucha gracia:


Los baños de chicas están al fondo y teníamos que pasar por columnas llenas de orinales, y miráramos donde miráramos había un maromo con la pilila fuera. Pero no mirábamos, porque somos mujeres decentes y tenemos novios (el suyo estaba en uno de los orinales, de hecho).

Y bueno, el concierto genial. Me compré una camiseta 'no oficial' por 10 euros, me la puse y me puse on fire a cantar y saltar y bailar. El concierto duró 3 horas, con dos intermedios de unos 20 minutos, que aprovechaban los integrantes del grupo para meterse rayas, enchufarse el suero y conectarse el respirador, porque si no no entiendo cómo aguantaban.


Tocaron el disco de 'La ley innata' (mi prefe) del tirón, menos la última canción (que a mí no me gusta mucho), y algunas del nuevo CD, que me sabía a medias, y algunos clásicos como 'La vereda de la puerta de atrás', 'Puta', 'Standby', 'A fuego', 'Sucede' y muchas más que ahora mismo no recuerdo.

Llegué a casa de mis amigos por ahí a las 3, y me acosté. Y a las 8 estaba otra vez despierta, para coger trenes y más trenes para volver a Gerona, que tenía que estar a las 11.30 en la catedral para una visita. Y todo el día escaleras para arriba y escaleras para abajo. Hemos hecho muchísimas fotos, pero no quieros aburriros con la arquitectura de Gerona, así que dejo una foto de la Catedral desde el campanar de San Félix.


Y eso, que estoy MUERTA.

dimarts, 25 de setembre del 2012

Ya puedo dormir tranquila


Bueeeno pues ya he empezado el curso otra vez (mi último año de carrera ya, uff), hace una semana. Lo bueno es que de ir en bici a la facultad ya tengo el culete más durillo y bien puesto. Lo malo es que ya me estreso. Tengo que hacer ya trabajos y cosas, y pasar apuntes y esas cosas que en el fondo echaba de menos.

Este curso hago 8 optativas, las prácticas en Planificación Familiar (empiezo el mes que viene), una asignatura troncal, el trabajo de fin de carrera y, además, he solicitado una beca de colaboración.

No sé si os había hablado antes de esta beca. Consiste en "trabajar" para un profesor y su grupo de investigación unas horitas a la semana y cobrar 2700 euros del Ministerio. El plazo límite para presentarla era hoy, y hoy ha sido el día en el que el director del Departamento de Psicología me ha firmado la solicitud. Desde el Ministerio te hacen imprimir un papel, rellenarlo a mano y que los profesores implicados y el director lo firmen. Hacía ya tiempo que lo tenía todo preparado, y a cuatro profesores que me avalan e ilusionados me decían: "Sí, iremos allí e investigaremos tal y cual, y luego si quieres también tenemos este otros proyecto..." Y yo pensaba: "menos lobos, Caperucita, que aún me tienen que dar la beca". Además, hay 2 plazas en mi departamento y había 3 solicitudes (va por nota y yo tengo un 8.04 que es muy alto, pero nunca se sabe).

Pues iba yo de culo porque esta última semana el director de departamento estaba por ahí y no tenía tiempo para venir a firmarme el papelillo, y yo ya ma temía lo peor. Pero ya está firmado. Me he estado peleando durante más de una hora con el aplicativo del Ministerio para adjuntar el escaneo del papelito de los cojones. Primero que era demasiado grande, luego que, como había tardado tanto, la sesión caducaba y tenía que volver a empezar, que si daba luego error. A punto de llorar estaba. No me gusta ir con prisas, y menos si se juega tanto (para mí).

Pero vamos, que ya está todo hecho y re-hecho. Ahora a esperar y a ver si hay suerte y me la dan. (Nunca en mi vida he tenido 2700 euros).

dimarts, 18 de setembre del 2012

La Dolce Vita (viaje a Alghero)

Puesh después de una semana en Ronda (Málaga) con la familia de mi padre, como caaaada verano, me fui a Alghero con mi shurri. Tuvimos suerte porque hizo buen tiempo, menos el último día que estaba nublado y a ratos salía el sol (suficiente para que me quemara la cara y el pecho, seh).

Fuimos a un apartahotel que tenía cocina, y un supermercado al lado que iba de perlas. Fuimos al super a abastecernos.
Que no falten guarrerías, por favor.
Decidimos que desayunaríamos y comeríamos en "casa" y que por las noches iríamos paseando al centro histórico y cenaríamos en un restaurante como guiris pijos y respetables.

¿A que cocino bien?
Teníamos también piscina en el hotel, y a unos 20 metros la playa, que tenía la arena blanquita y fina, y el agua tan cristalina que parecía que me bañara en la piscina.

Esto es la playa aunque no lo parezca. Y la buenorra de debajo, yo.
Nos pasábamos las mañanas y las tardes en la playa y la piscina, respectivamente. Tomando el sol o leyendo Dostoievski (eso yo, él tenía como entretenimiento molestarme mientras intentaba leer).
En la orilla de la playa encontramos una cosa curiosa que era gelatinosa y aunque lo parecía al principio, no creemos que sea una medusa. Además, vimos a unas niñas que jugaban a tirárselas. Si alguien sabe qué son, por favor que nos saque de esta incertidumbre existencial.


Hicimos también un castillo de arena que se acabó convirtiendo en un transatlántico. El plan era destrozarlo antes de irnos, pero nos dio tanta pena que no fuimos capaces. Es una obra de arte, no cabe duda.

Yo hice las chimeneas.

Por las noches íbamos al centro (había 30 minutos de paseo), hacíamos el guiri por ahí y nos hartábamos a pizza. Sí, cada día pizza porque, coño, es mi comida favorita y estábamos en la jodida patria de las pizzas.

A continuación os voy a mostrar una serie de fotos del centro:

No hace falta que diga que también nos tomábamos nuestro tiempo en la habitación para amarnos y respetarnos un poquillo. Tanto que la mujer de la limpieza casi nos pilla amándonos. Abridle siempre la puerta cuando llame, porque si no, ¡abre ella con la llave!

Vamos, podría explicar muchísimas cosas pero no hay blog suficiente para explicarlas todas, así que finalizo la entrada aquí, con esto:
El baño de señoras del Aeroporto di Alghero. Por favor, un poco de glamour.
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