De mujeres que no supieron apreciar el amor de sus compañeros están las estanterías de las bibliotecas llenas.
Y no sólo ahí; por la calle, en los edificios, por todos lados. Y no sé si es una sensación mía, pero tengo la impresión de que cada vez hay más mujeres que, con el estandarte de 'estoy liberada sexualmente y me voy a tirar todo lo que encuentre', ya no aprecian siquiera el cariño o la fidelidad de sus amantes. Porque claro, los hombres siempre han sido infieles y, en última instancia, crueles y malvados.
Me parece estupendo que las mujeres quieran acostarse con todo lo que se les plante en cara, pero creo que eso no es la liberación sexual. Me parece estupendo que quieran tirarse a media ciudad (porque la otra mitad es de su mismo sexo, claro), pero, joder, ¡no tengáis a un hombre que os ama esperándoos en casa, para acabar abandonándole igualmente! O una cosa, o la otra. ¿Qué es eso de 'ahora nos toca a nosotras ir de cama en cama, nuestros novios se tienen que acostumbrar'? ¿De quién te estás vengando, exactamente? ¿Él nunca será suficiente para ti, aunque se desgarre por ti? ¿Tan obzecada estás en no dejar que nadie te salve, que no aceptas ya ni sus caricias? Hay algunas personas que tienen ya complejo de mantis religiosa.
Pero escuchad, hombres del mundo, tenemos una buena noticia. Quedamos nostras, las mujeres que amamos a los hombres. Las que estamos liberadas sexualmente precisamente porque podemos elegir con quién acostarnos y con quién no, a quién reservamos según qué cosas, y sobre todo, podemos elegir a quién amar y a quién serle fiel, si es lo que queremos.





