dimarts, 25 d’octubre de 2011

dijous, 20 d’octubre de 2011

#3

Nota mental: ir siempre bien guapa a la facultad. Nunca sabes a quién puedes conocer.

dimecres, 19 d’octubre de 2011

Exhausta, pero me gusta

Estoy tan cansada que no quiero ni comer.
Me duele la espalda, y las piernas. Siento la cabeza cargada y hasta los ojos se me cansan, pero me encanta esta sensación. Me encanta porque sé que cuando acabe, podré tumbarme en la cama, emitiendo un sonido orgásmico que rezará: "ya he acabado y ahora puedo pasarme el resto del día sin hacer nada, pero con la grata satisfacción de haber hecho algo de provecho".
He ido a clase (ha sido un poco inútil, pero ahí estaba yo), he vuelto a casa, he estudiado japonés toda la tarde con dos amigas, y ahora que ellas se han ido, me propongo hacer los deberes de japonés para mañana y luego, voy a procrastinar y descansar satisfecha.

El examen de japonés es el 4 de diciembre, y yo aún estoy un poco pez. La gramática y el vocabulario, aún podría aprobarlos, pero tengo un grave problema con los kanjis.
Los kanjis son las escrituras chinas que se utilizan como una palabra entera (los palitos que se tatúa la gente para parecer guai). Tengo que aprenderme 320, y son la cosa más difícil que me he echado en cara en toda mi vida. Lo veo tan difícil, que ya ni me esfuerzo como debería. Es frustrante. No tengo el tiempo para estudiármelos como dios manda, sólo aspiro a poder reconocerlos para el examen. Por suerte no tendré que escribirlos, sólo reconocerlos entre 4 maravillosas opciones.

Os dejo un entrañable video que hemos usado hoy para aprender verbos:



がんばって、アルバさん!!

dilluns, 17 d’octubre de 2011

¿Clínica infantil o de adultos?

Tengo un dilema.
Estoy en tercero de Psicología ya, y aunque desde que empecé la carrera he ido acotando mucho los posibles campos profesionales a los que me gustaría dedicarme, ahora tengo un gran dilema: no sé si especializarme (cuando llegue el momento, pero está bien ir pensándolo ya) en psicología clínica infantil o en psicología clínica de adultos.

Por una parte, en la clínica infantil, los trastornos, en su mayoría (exceptuando el autismo y otros trastornos crónicos del desarrollo) tienen "solución". Son muy satisfactorios, y los tratamientos con niños y adolescentes pueden tener mucha efectividad. Trataría también seguramente algunos casos de abuso sexual infantil, y no sé si estoy del todo preparada para afrontarme a eso aún (cada vez que lo intento abordar acabo llorando yo).

Por otro lado, me encantaría trabajar de interna residente en un hospital psiquiátrico. Me gustaría conocer la realidad de gente con trastornos graves como los trastornos de personalidad o los psicóticos. Claramente, toda esta area no sería accesible en niños. Me fascinaría llegar a conocer una persona con trastorno antisocial de la personalidad (también conocidos  como "psicópatas"), charlar con ella, conocer sus inquietudes, llegar a comprender. Muchos de estos trastornos tienen también sus orígenes en la infancia, pero a diferencia de la clínica infantil, la mayoría son trastornos crónicos que sólo aspiran a un estado de "remisión", pero casi nunca a una total recuperación. Aunque me fascina, tampoco sé si estoy del todo preparada para escuchar y ver el sufrimiento de una persona que tiene alucinaciones, o que vive en un constante infierno donde nada tiene sentido.

No sé qué hacer. ¿Estaré bien preparada alguna vez?

divendres, 14 d’octubre de 2011

El olvido es nuestra mejor arma

Llegará un momento en el que olvidarás qué era aquello que debías olvidar. Entonces, y sólo entonces, tendrás paz.

divendres, 7 d’octubre de 2011

En mi mundo no hace ni frío ni calor


Hay días en los que me siento aislada del mundo entero. Del físico al menos, porque en realidad hay todo un mundo dentro de mí, en el que todo es bonito y nada duele, y tiene un formato de página web.

A veces no quiero estar cerca ni de mis amigas. Amigas, já. Qué relativo es eso. Creo que realmente ni les gusto. Y puedo escribirlo aquí, porque da igual. No les importa una mierda este blog. Y me jode. Porque si ellas tuvieran un blog, yo me lo leería. Porque me gusta meterme en las vidas de los demás, pero no por cotilleo ni por curiosidad, sino por sentir que conecto con algo, con alguien. Porque si alguien escribe algo, es para que otros lo lean. Porque a mí me gustaría que la gente leyera lo que escribo.

Sé que soy la payasa del grupo. Sé que no paro de hablar, que hago bromas y que se ríen de mí conmigo. Pero la payasa  también se cansa, y la sonrisa dibujada de color rojo se destiñe. ¿Pero qué más da? Yo estoy para divertirles. Es divertido estar en el centro, menos cuando quieres pasar desapercibida. Entonces es imposible. Cualquier cosa que hagas seguirá siendo algo gracioso, porque, eh, así está la excéntrica de nuestra amiga, haciendo cosas excéntricas para que nos riamos.

Probablemente sea culpa mía. Pero no siento que me comprendan. Supongo que deben creer que no me importa que me digan "tía, estás loca" o "tía, eres una pervertida y nos tronchamos de risa con tus bromas". Supongo que creen que todo lo que hago, lo hago para llamar su atención y hacerlas reír. Ahora ya parece que no les pueda aportar nada más que eso. Pueden meterse conmigo, porque saben que me mantendré impasible, que no herirá mis sentimientos. No quiero ser así. No quiero que me vean así.

La gente dice que las demás personas están locas con mucha facilidad. Y es broma, pero detrás de la broma se ven sus caras de incomprensión, o de vergüenza. Sí, se ríen, pero sé que se avergüenzan de mí frente a los demás. Porque no soy normal. Porque doy brincos por los pasillos si estoy contenta, mientras ellas, con toda su dignidad, me siguen, mirando hacia todos los lados, por si alguien me ve. Porque miro series japonesas y sé hablar japonés. Porque intervengo en clase y digo mi opinión públicamente. Porque me emociono mucho con las cosas y me gusta hablar de aquello que me fascina. 

Sé que lo hacen con buena fe, pero estoy un poco harta de que estén pendientes de mí cuando lo único que quiero es retirarme a mi mundo, con mis mierdas. Porque no quiero que me digan "¿qué ha sido ese ruidito?" cuando me aclaro la garganta.

Me siento más vinculada con desconocidos que he encontrado por Internet que con gente de carne y hueso. Y me mata. Hasta mi hermana, cuando le comento algo de algún tema del que ya hemos hablado alguna vez, me dice que soy una pesada. Porque se ve que no se puede hablar de una misma cosa dos veces sin que te digan que estás obsesionada. 

A veces estoy sentada en clase, y me siento sola, pero muy acompañada. Acompañada por personas que me observan y me juzgan. Porque si fallo una respuesta en clase no me importa. No me importa hasta que una de  mis amigas me mira tapándose la boca, y riéndose. Entonces sí que me siento ridícula. Porque a mí no me da vergüenza ser quién soy, hasta que alguna de ellas sí la siente.

Y cuando estoy harta de todos y de todo, saco mi BlackBerry y me pongo a mirar alguna película o algún capítulo de alguna de esas mierdas que me gustan a mí, y me evado de todo, porque ahí me siento mejor. Y luego me llaman antisocial. 

Pero yo no entiendo qué hay de malo en meterme en mi burbuja. Con las paredes opacas e insonorizadas. Porque meterme en mi mundo es lo único que me calma. Ahí se está bien. Está lleno de actores y cantantes que me gustan. Frases que corren por mi cabeza. Personajes reales o de ciencia ficción que se han ganado un huequecito en mi corazón, por lo entrañables que son. Ahí dentro hay historias, y canciones, y películas enteras, o escenas. Y hay emociones, y recuerdos. Hay paisajes imposibles, con largos prados y bosques frondosos, y mucho, mucho porno gay. Y todo aquello que me hace ser YO.

dijous, 6 d’octubre de 2011

Tienes que parar

Me estoy obsesionando con este actor (cosa nunca jamás vista antes en mí) y me estoy preocupando.
Pero es que encuentro genial todo lo que hace este alemán-irlandés con dientecitos de tiburón llamado Michael Fassbender.



He visto ya cuatro de sus películas: 300, Malditos Bastardos, Jane Eyre y Hunger (en esta última se le ven sus partes nobles y me dejó en estado de shock durante 20 minutos). Ahora me falta por ver Shame, Fish Tank y A Dangerous Method, y rever la escena de Malditos Bastardos en la que aparece. Tendría también que volver a ver X-Men First Class, sí, sí...

¡QUE ALGUIEN ME AYUDE!

dilluns, 3 d’octubre de 2011

Grandes mentiras que encierran grandes amores

El sábado a las 2 de la mañana, con un resfriado de caballo y me atrevo a decir que con un poco de fiebre, no tenía nada mejor que hacer que ver esta maravillosa película, Jane Eyre (en versión original, claro, que así de paso perfeccionamos el inglés) en mi portátil y con los cascos, sentada de cualquier manera en mi incómoda silla de escritorio.
Dura dos horas y aunque al principio es un poco lenta, es una película genial. Esta escena en concreto hizo -y perdonad mi lenguaje soez- que se me cayeran las bragas. 
Los que me conocen saben bien que desde hace un tiempo que crío una ferviente obsesión por este mozo de barba pelirroja, este hermoso espécimen que es Michael Fassbender (mis motivos tengo, aunque no puedo contarlos por aquí).



El título de la entrada se debe a que, a pesar de que aquí el señor Rochester parece súper enamorado de la vida, le acaba de soltar a su amada una pedazo de mentira que pa' qué. No es que mienta por vicio, ni que sea mala persona. Miente porque tiene miedo de perderla. Ella va a irse, y él intentará retenerla por todos los medios, aunque tenga que mentir, y aunque le duela. 

Volviendo a ver esta escena, ahora que sé cuál es la mentira, me hace pensar en cosas que llevaban tiempo escondidas. Me costaba pensar que alguien podía ocultar algo o mentir con algo tan importante, por miedo a perder a alguien. Ahora lo entiendo, y me alegro. Se podría decir que el señor Rochester es un cabrón, un mentiroso y un manipulador. Sí, se podría, pero también se podría decir que es un pobre enamorado que quiere olvidar los errores del pasado y luchar con todas sus fuerzas por aquello que quiere.

Os recomiendo la película, en serio. No hace falta que os diga que no es un peliculón, y que mucha acción, lo que se dice acción, no hay. Pero para esos días en los que os sentís romántic@s, es perfecta.

Mientras veía la película, sola en mi habitación, pensaba: "¿Y dónde está mi mozo ahora? ¿Cuándo le veré? Ay... le echo de menos."
Lo mejor de todo es que, nadamás acabar la película, mi propio mozo pasó a buscarme. La noche ya acabó de ser redonda. Y yo sensible perdía... romanticismo a punta pala.
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