dijous, 24 de desembre de 2015

Querido roba-bicis:

"Quiero informarte de que, al fin y al cabo, hasta me has hecho un favor robándome la bici, porque así he podido comprarme una más bonita y más chula, y de paseo."

Cero dramas, siempre smile

El pasado viernes, como de costumbre, fui a trabajar con mi Mountain Bike de tercera o cuarta mano, heredada de mi padre, que la heredó del Trocathlon. La tuve que aparcar en un sitio diferente porque el párking de bicis de siempre estaba ocupado por un Tió gigante (maldita Navidad), y nada, la até en una farola frente a la puerta del trabajo.

Cuando salí de trabajar y fui a buscar la bici, vi que no estaba. Nada. Ni siquiera el candado. Me cagué un poco en la puta y pensé que a lo mejor se la habría llevado la Policía por no estar aparcada bien... Pero luego me di cuenta de la tontería que estaba pensando, fruto de la desesperación.


Y mientras volvía a casa andando y explicándole a todos que me habían robado la bici, iba pensando en posibilidades. El candado era bastante grueso, que hubiera costado bastante de cortar, y era sin llave, de combinación numérica.

Luego me acordé que dos alumnos de la academia en la que trabajo sabían mi combinación (después de varios días cotilleando mientras la aparcaba y probar combinaciones...), pero no creía que ellos fueran responsables directos. A lo mejor le habían dicho la combinación a algún amigo, y éste a otro, y al final llegó a oídos que no tocaban... No sé. 


La cuestión es que los niños que sabían mi combinación alguna vez habían cogido mi bici, habían dado una vuelta y la habían vuelto a dejar, y pensé que a lo mejor ése era el caso y que la devolverían cuando acabaran de divertirse. Así que al día siguiente pasé a ver si la habían dejado, y no. El lunes hablamos con los niños y no sabían nada, que nos dirían algo si veían a alguien con ella...

Así que di la bici por perdida y empecé a mirar otras. Esta vez quería comprarme una de paseo, porque desde que estuve en Ámsterdam me enamoré de ese tipo de bicis. Eso sí, tenía que ser con marchas. Y fui al Decathlon y vi una que me gustó mucho, a pesar de ser muy básica. Valía 150 euros.

Y mi padre, que es igual de obsesivo que yo con las cosas (somos mucho de: "si necesito X, no pararé hasta encontrar X"), y empezó a buscar en páginas de artículos de segunda mano y tal, y tras un par de intentos fallidos (ya no quedaban), dimos con un hombre que vendía la bici de su hija porque ella se había ido a vivir lejos, y por el módico precio de 60 euros.

Esta mañana hemos ido a verla, la he probado, me he asegurado que iba bien, que las marchas se cambiaban bien, y lo mejor de todo es que es hasta más bonita que a las que yo les había echado el ojo:

Mírala ahí, qué bonita, bien aparcadita.

Así que me la he quedado (autorregalo de Navidad y mi cumple)  y he vuelto a casa con ella. He puesto el bolso en la cestita, me he regulado el asiento, ¡y a disfrutar de mi nueva bici! Comparada con la anterior bici zarapastrosa, a la que le iban mal los frenos y la cadena, es una bici súper fina, aunque tengo que acostumbrarme a la postura, que ahora voy más recta y con los brazos diferentes. 

Tengo que probar a hacer el trayecto del trabajo con ella, porque tengo que acostumbrarme a todo aún, pero creo que SI NO ME LA VUELVEN A ROBAR, seremos grandes amigas, Anacleta y yo. Esta vez tendré más cuidado con quién hay alrededor cuando ato la bici, y si sé de alguien que sabe el número, se lo cambiaré enseguida, que ahora sé que se puede.

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